Cuento de Navidad

El 2008 pasará por ser el año de la crisis; poco me importa el aspecto económico ni ningún empresario millonario que acude con la mano en alto para pedir lo suficiente para mantener su alto nivel de vida. Con todo lo que se ha transferido a ciertas multinacionales podría haberse paliado mucha hambre y enfermedad (es curioso cómo no se tienen reparos ni escrúpulos en dar a los que ya tienen). Lo que sí me interesa es precisamente esto, la verdadera crisis, la crisis que desde hace mucho padece el ser humano, que no es económica, ni laboral, ni de consumo, sino humana. Calixto empieza a cobrar vida...

Desearía que la tía gorda esta se atragantara con el puto mazapán y nos ahorrara al resto la tortura de escucharla. Calixto en una bola roja, con la nariz y la boca deformadas contemplando el impoluto árbol de Navidad decorado por su madre, con la tercera copa de champán en la mano. Pronto, ya pronto ¡por favor! ese whisky doble. "Qué bien que ya estás en casa Calixto, hijo", la mano de su madre descansando brevemente en su hombro y una cabellera rubia enlacada aparece de pronto en la bola roja.
No se había dado cuenta del cambio hasta ahora, cuando el mundo recobraba su último sentido y la mano, esa tierna mano (la única) se mostraba llena de arrugas y manchas. Esa sortija que ya no la embellecía, que ya no la volvía elegante, fina, era apenas un adorno brillante en un árbol muerto. "Pues sí, hija, Jesús y Marisa se van a esquiar este año por el Pirineo, ¿no es maravilloso? ¡Quién sabe! ¡Igual se ponen manos a la obra y me dan por fin ese nieto!". Y otra vez esa risa gorda y horrible que nos hará estallar los tímpanos. ¡Jesús...! Me sorprendería mucho que supiera cómo se hace. No les doy ni dos meses. Sin contar la baja por rotura de pierna, claro. Esquiar... Jesús... ¡ja! Ains... ese whisky doble...
Dios... si aún pudiera... pero no, eso fue hace muchos años. Esa fuerza misteriosa, ese carácter irreductible mal aprovechado... Ella sabía que yo era capaz de cualquier cosa; solo tenía que fijar un objetivo e ir a por él. Ella lo sabía, entonces ¿por qué...? "¿Un mazapán hijo?". El pelo enlacado otra vez en la bola roja y una tímida bandeja de plata asomando por un costado. Sí madre, gracias. Me encantaría metérselo por el culo a la gorda odiosa esa, ¿podría mamá? ¿Me dejarías? ¡Oh, vamos! ¡Será divertido! Ains... mi querida familia... esta tía gorda y abominable... si pudiera, si aún pudiera... Lo recuerdo como si fuera ayer: mi primer contacto con el mal. La prueba definitiva de que estamos hechos para destruirnos, esa es nuestra semejanza. Aquella niña me miraba directamente a los ojos con una ausencia total de discernimiento, pero yo fui capaz de concebir que un día, quizás no lejano, ella entendería. Para cuando la razón es capaz de comprender el corazón ya se ha cansado de sentir. Es lo que dicen de los niños. Y ella era una niña, con su babi rosa, sentada en el suelo, con unos botines azules. Y me observaba fijamente, aún lo recuerdo. Pégale otra vez ¡venga! Y se giró para arrearle un bofetón al pequeño gafotas de babi azul que tenía a su lado. ¡Pero más fuerte! Yo, delante de ellos, no podía evitarlo. Me complacía su ignorancia; me complacía su tendencia natural a la destrucción; me complacía a mí mismo.
Solo tenía 5 años y ya había perdido la inocencia. Pobres humanos. "Feliz Navidad hijo". Feliz Navidad, madre. Quiero ese whisky. Y Calixto desapareció de la bola roja.

6 comentarios:

rubenlois dijo...

Buen cuento. La Navidad ha perdido todo su verdadero significado, para llegar a lo mismo a loa que conduce todo en esta sociedad capitalista a ser el negocio de uno spocos y la ruina de muchos. Gracis por estar ahí.

Saturnino dijo...

Veo que me engañastes, bonito cuento y profundo.
Un beso.

Abe dijo...

Lo reconozco, ya he leído tres veces el cuento...
Esta mañana temprano para alguien que está de vacaciones (;D), al mediodía cansado de tener la pierna en alto y ahora de nuevo.
Tiene un punto ácido e incluso corrosivo, la primera lectura me sorprendió por la imagen que guardo de ti, el sarcasmo no había aparecido aún.
La segunda lectura me provoco la risa y me permitió descubrir más del texto, incluido "ese carácter irreductible mal aprovechado..."
La tercera me lleva a dos reflexiones, nunca fue más cierto que las apariencias engañan y la segunda me encanta lo que has escrito, felicidades Sonia.
Un saludo.

SONIA dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios sobre mi cuento "navideño". Me hubiese gustado que mi percepción de la Navidad fuese otra, más tierna e inocente, pero al igual que Calixto, perdí esa mirada hace mucho tiempo. Qué le vamos a hacer, me hago mayor y lo que ocurre a mi alrededor aparece ya con el velo caido, deformado todo en una bola roja, irreal, "pornográfico", estúpido. Abe, hace mucho tiempo que tengo esa vena sarcástica (de vez en cuando la saco); rubenlois, estoy de acuerdo contigo, todo carece de significado; papá, es mucho más profundo de lo que parece.
Mucho sarcasmo y a reirse de la vida. Eso, o un whisky doble:P
Besos!!

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

Nada mejor que reirse de lo mejor y peor de la vida. El sarcasmo, la ironía y sobre todo el buen humor, nos hacen pasar por esta vida de un modo positivo frente a los problemas que nos acucian.

Me gustó muchísimo tu cuento.

rubenlois dijo...

Reirse y el whisky doble, no?