
Oliver tenía un pelo negro, imposible, quizás acaso alguna vez se le había caído el hollín encima y le había teñido su rebelde cabellera, además de su piel morena y sus ojillos azabache. Oliver tenía ya cinco años, iba al colegio de los mayores, pero allí necesitaba a alguien especial, tan especial como Oliver, alguien que supiera entender su particular lenguaje, de naturaleza ancestral, limitado a la palabra no. Un no gritado, susurrado, acobardado, temeroso. Oliver hablaba con sus ojos sin luz, apagados, un tanto resbalados, a menudo perdidos en la nada de su propia oscuridad, aquella que él mismo irradiaba. Desde aquel Día, hacía ya dos años, Oliver vivía encerrado en una pesadilla de la que no podía escapar. Apenas dejaba que le tocaran; evitaba mirar a las personas, dejar que se le acercaran; nunca más una palabra, excepto no, pudo volver a salir del rictus serio en que se había convertido su boca. Oliver había dejado de existir desde aquel Día en el que un fantasma penetró su alma, y se la llevó. Y es que dicen de los niños que para cuando la razón es capaz de comprender, el corazón se ha cansado de sentir...
Este es mi humilde homenaje al Día Universal del Niño, queriendo unirme a las iniciativas promovidas por otros blogueros, con las que queremos mover el ciberespacio, y echar de este mundo a los seres degenerados y sin conciencia.
Si has llegado a este modesto blog, y eres de esas personas sin escrúpulos, me alegro, porque hoy te has equivocado, aquí no encontrarás lo que buscas; aunque posiblemente no llegues a leer esto me queda la satisfacción de que al menos habrás perdido el tiempo. Y para ayudarte a perderlo y que este mundo de Internet te aparte de los seres indefensos te dejo con unas cuantas palabrejas: "angels", "lolitas", "boylover", "preteens", "girllover", "childlover", "pedoboy", "boyboy", "fetishboy" o "feet boy".
Todos juntos podremos acabar con estos depravados. Pornografía infantil NO.













