martes 10 de noviembre de 2009

Arganda. De lo que fue y no pudo haber sido


Antes de plantar un pie en Arganda sabía que mi récord no iba a ser posible. En cuanto a presentimientos no hay quien me gane. Qué le vamos a hacer, tengo un sexto sentido muy desarrollado. Tenía los suficientes datos sobre el recorrido como para saber que el reto se antojaba harto difícil, mucho más cuando comprobé in situ las condiciones climatológicas. Aun así acudí tranquila y concentrada sobre lo que tenía que hacer. Ante una carrera solemos tener un objetivo primordial, pero siempre surgen otros a los que debemos enfrentarnos.

Cuando llegan las 11, hora de la salida, ya he tenido tiempo de congelarme y pasar bastante frío. Dudé hasta el último instante sobre la ropa que debía llevar, sobre todo por abajo (arriba lo tenía claro, manga larga): o corsario o corto. Al final me decanté por el primero, aunque hubiera soportado de sobra el segundo. Al principio me preocupo por el ritmo: siempre he salido más rápida de lo que debería y al final me ha pasado factura. No quería que me volviera a ocurrir, mucho menos teniendo en cuenta que la primera parte de la carrera apuntaba hacia arriba. Primer kilómetro (primera y casi última vez que miré el crono), 5'41'', perfecto. Mantengo la misma zancada y me voy acomodando a las primeras subidas, muy leves, pero siempre subiendo. Los siguientes kilómetros son una lucha por mantener el ritmo alrededor de 6', guardando fuerzas para cierta subida que amenazaba con destrozar mi carrera. Pasando el kilómetro 4 iniciamos la ascensión por una larga avenida hasta llegar a una rotonda, dar la vuelta y soltar piernas en una bajada de unos 300 metros. Giramos a la derecha y la veo, un cuestón impresionante de 500 metros. "¡No me mires así monada, no pienso rendirme!", me digo. Inicio la subida y maldigo mi suerte. Algo no marcha bien en mi pie izquierdo, "va demasiado suelto". ¿Cómo puede ser que se me desate el cordón justo ahora? No tardo ni dos segundos en atar la zapatilla, fue como coger carrerilla. Paso a paso continúo subiendo hasta que más allá de la mitad no puedo más, ahí está mi límite, por ahora. Sin embargo mi cabeza, al contrario que de costumbre, no lo asume como una pérdida, como un abandono, sino que me repite hasta la saciedad el buen trabajo que estoy haciendo, "llevas casi 5 kilómetros subiendo y manteniendo el ritmo". No bajo los brazos, no me rindo, impongo a mi caminar un ritmo frenético, hasta tal punto que soy capaz de adelantar a dos atónitos corredores que no se terminan de creer que les adelante andando. Así es. Corono cima y me dejo llevar en las bajadas sucesivas, intentando recuperar el tiempo perdido, aunque no logro arañar al crono todo lo que hubiera deseado. Por momentos el viento me desespera. Tanto en bajada como en llano echa por tierra el esfuerzo y la voluntad que he puesto encima de la mesa, pero aun así me obligo a mantener un ritmo cercano a 6'. Por segunda y última vez a lo largo de la carrera vuelvo a mirar el crono allá por el kilómetro 9 y contemplo cómo mi récord de 55' se queda justo ahí. Ya en meta paro el tiempo en 1h01'07''.

Quedé en el puesto 563 de 581. De las últimas, como siempre. Mi ritmo medio fue de 6'09'', como siempre. Sin embargo fui constante, como nunca, en toda la carrera. Y como nunca me enfrenté a las cuestas hasta acabar con la sensación de haber hecho las cosas bien. Tan sólo me quedo con una sensación agridulce, la de intuir que reservé demasiado en los primeros kilómetros, que tenía muchísimas más fuerzas y que con cuestas o sin ellas, con viento o sin él, podía haberme acercado a ese récord. El día en el que los astros se conjuren y me salga todo bien...

viernes 6 de noviembre de 2009

Próximo reto...

Los entrenamientos para la Media de Getafe van viento en popa. En un principio, viendo el programa que tenía previsto, pensé que no iba a poder con semejante carga. Nunca en mi vida he corrido tanto y tan seguido. Realizo dos rodajes cortos, de aproximadamente una hora, y uno largo de 1h20', más un día de series. La consecuencia lógica de este aumento ha sido la ralentización de mi ritmo, que en los últimos tiempos había conseguido bajar, pero de momento el objetivo prioritario es coger fondo y resistencia, mis grandes carencias. La semana pasada, por esas vicisitudes del calendario, me vi obligada a entrenar cuatro días seguidos. El último de ellos, en el que tocaban series, iba a determinar mi estado de forma. Estaba cansadísima y me costó mucho completar el ejercicio, pero pude comprobar que mis tiempos casi no se habían resentido, todas las series estaban entre 5'30'' y 5'15''.



Esta semana tocaba ralentizar los entrenamientos. ¿Motivo? El domingo tenemos carrera, la III Carrera Popular Ciudad de Arganda, en Madrid, a la que acudo sin la compañía de mi padre. Sola ante el peligro con un objetivo claro: marcar MMP en el 10mil. No sé si he elegido bien el escenario. Por los datos que ha aportado la organización los cinco primeros kilómetros tiran hacia arriba con una cuesta de 500 metros antes de llegar al km 5. Los restantes son de bajada. El lunes conseguí terminar enterito mi primer entrenamiento con cuestas. El miércoles realicé mis series entre 4'59'' y 5'07'' y ayer hice un rodaje muy suave de unos 40 minutos. Creo que si todo va bien podré llevarme mi mejor marca (menos de 56') como trofeo. La suerte está echada.

martes 3 de noviembre de 2009

Feliz cumpleaños


Hoy es un día importante para este blog, para lo que significa y lo que supone en mi vida, porque hoy estoy de cumpleaños: hace exactamente un año, el 3 de noviembre de 2008, desempolvé mis viejas zapatillas de correr y me fui con mi padre al parque de La Granja a dar mis primeros pasos como runner, con el objetivo claro de acabar la I Media Maratón que se celebraría en mi casa, en León. Tengo tan grabado aquel momento, ya casi de noche, bajo el frío leonés, que jamás me olvidaré de lo que sentí en aquellos tímidos comienzos cuando respirar correctamente suponía un titánico esfuerzo, cuando aquel primer kilómetro a 8'30'' daba el pistoletazo de salida a lo que es hoy una de las constantes de mi vida, cuando decidí asomar del abismo y demostrarme a mí misma que tenía la fuerza suficiente para cambiar, y lo que es mejor, el valor y la voluntad para madrugar los fines de semana, para despertar de tan oscuro letargo, para patear los caminos haga lluvia, nieve, una temperatura glacial o el calor más sofocante. Hoy echo la vista atrás y por fin reconozco esos ojos en el espejo. Entonces comprendo que no se trataba tan sólo de participar en una carrera y prepararse para ello, sino que en realidad debía aprender a ser justa conmigo misma, encontrar la luz y el camino, regresar al equilibrio. O eso o un psicoanálisis. Y yo escogí el running.

Hoy ansío que llegue el momento de salir, mi pequeño instante de libertad, donde sólo estoy yo, donde puedo meditar (Ulrike se pasaba horas en el baño porque allí, con las paredes tan cerca, podía hablar mejor con Dios), o donde puedo si quiero dejar mi mente en blanco. Hoy miro en la columna de la derecha de mi blog y me voy de turisteo a ver a mis amigos (no os nombro a todos pero ahí estáis), personas mucho más expertas que yo que me han lanzado sus consejos a los que me he aferrado como tabla de salvación, algunos de ellos compañeros infatigables de carreras (desfacedores de entuertos), almas imbatibles del Nunca correrás sólo y, de entre todos, mi padre, Saturnino, el gran irreductible, quien un día alimentó e hizo creer este sueño que vive su primer año de existencia, y quien siempre, desde mi primer día en este mundo, ha vigilado cada uno de mis pasos. Y al lado del camino, alentando mis sufrimientos, mi madre, Ángeles (¿acaso una artista podía tener otro nombre?), cuya paciente espera es imposible de agradecer con palabras; mi Equipo Muchachita, cuyos ánimos enfervorecidos y su apoyo incondicional siempre han estado a la altura de su grandeza; y Aitor, compañero inseparable que ha compartido (y sufrido) todas y cada una de mis locuras...

Son muchas cosas de las que acordarse hoy. Mi blog es viva muestra de ello. Y como un cumpleaños no lo es si no hay regalo de por medio, ayer me dediqué uno: la oportunidad de demostrarme que sí, que una vez más soy capaz, que puedo hacerlo. Recorrido de 8,5 km. Cuestas. Una mañana perfecta: sol brillante, suavemente velado, temperatura fresca, buena música, mejores sensaciones... Voy corriendo tranquilamente, no me preocupo por el crono, busco mi zancada, que sea lo más cómoda posible y a la vez que no me canse antes de afrontar las seis cuestas del circuito. El terreno debajo de Los Pinos está un poco afectado por la lluvia, pero no está nada mal. Ante mí tengo un terreno hacia arriba con tres partes. La primera de ellas se compone de tres cuestas seguidas de las cuales la peor es, sin duda, la segunda. No tiene mucha pendiente pero es larga y constante. Me van mejor las otras, en las que puedo hacer un poco el cabra. La segunda parte se compone de dos cuestas, siendo la última de ellas la peor del ejercicio: muy larga y con mucha pendiente. Y por último, una última de ellas que me llevará a lo alto de Los Pinos. De este modo encaro la primera de ellas. La mente es distinta. Saco fuerzas. Tiro hacia arriba. En la segunda veo que me atasco, que se me vuela el reto, que no lo voy a conseguir, hasta que dos sombras se acercan por mi izquierda y pasan por delante de mí a cinco metros. Dos corzos que suben por el monte con la mayor facilidad del mundo. No puedo describir lo que sentí. Fue una revelación, un momento muy especial, íntimo, de reencuentro. Y lo que pasó después fue un sueño: fui subiendo una a una todas las cuestas, al paso, hasta que llegué arriba del todo, con León a mis pies, los brazos en alto y riéndome a carcajadas. Dos paseantes que iban por allí me miraron como si estuviera loca, pero es imposible que ellos lo entendieran. Aquella cima significaba muchas cosas.

jueves 29 de octubre de 2009

Variedades... teatrales


La temporada de teatro dio comienzo el pasado 8 de octubre, cuando acudí de nuevo al Auditorio Ciudad de León junto con mi amiga Vane para ver la primera obra del programa, Trampa para pájaros, dirigida por José Luis Alonso de Santos, con interpretación de Juan Alberto López en el papel de Mauro y Manuel Bandera en el de su hermano Abel. La acción se desarrolla en el desván de la casa familiar, lugar de fantasmas y recuerdos de un pasado que nunca volverá, donde se recluye Mauro, un policía veterano que tiene que hacer frente a las consecuencias de sus acciones durante el pasado régimen represivo. Su hermano, músico de profesión, acudirá en calidad de negociador con el objetivo de hacerle entrar en razón y evitar un desenlace fatal. Durante las horas que permanecen encerrados ambos se enfrentan desde sus perspectivas, buscan aquellas viejas pulsiones que los han alejado, figuras representativas de dos formas de poder distintas, la brutalidad y la sensibilidad, la acción y el razonamiento. Ahondando en otras claves interpretativas, uno no puede evitar pensar en la responsabilidad personal ante los mecanismos del poder, entre actuar bajo mandato y optar por elegir otro camino, dos visiones encarnadas por Mauro y Abel.

No quiero dejar al margen la situación curiosa que vivimos durante la representación: lleno absoluto del Auditorio y, para sorpresa nuestra, aplausos enfervorizados en los cambios de acto, cosa que no se debería hacer (no estamos en un concierto) y prácticamente nunca se ha hecho en ese teatro. ¿Explicación? Profusión de perfumes en el ambiente, las peluquerías han tenido trabajo por la tarde, los tacones tamborilean en el parqué... sí, efectivamente, es noche de galán. Manuel Bandera, de
Amar en tiempos revueltos, telenovela española que se ven todas las señoras (que han acudido en masa al Auditorio), hace su aparición en las tablas. Sólo nos falta ver un sujetador volando y así el espectáculo se completa del todo.


Pero aún tenemos más. El 15 de octubre llegó Arte, texto de Yasmina Reza y versión dirigida por Eduardo Recabarren. José Luis García-Pérez, Alex O'Dogherty e Iñaki Miramón (un cartel espectacular) forman un trío de amigos que dejan de serlo gracias a la intervención de un cuadro comprado por uno de ellos: un gran lienzo en blanco. La adquisición provoca todo un juego de interpretaciones y acusaciones personales, de alianzas y pactos rotos que desembocan en una discusión que va más allá de lo razonable, donde salen a relucir viejas rencillas y se echan en cara todo lo guardado durante más de quince años de amistad. Debajo del argumento late una reflexión sobre las relaciones con los demás y cómo un suceso trivial y sin importancia revela las distintas personalidades de cada uno y nos pone en confrontación con los demás. También puede extrapolarse una crítica al llamado arte contemporáneo. Lo miremos por donde lo miremos no sé en qué cabeza cabe pagar 50.000 euros por un lienzo en blanco. Mi opinión es clara: no será arte si puedo hacerlo yo y los demás razonamientos me parecen un cuento chino.


Ayer le tocó el turno a La fierecilla domada de Shakespeare, dirigida por Mariano de Paco Serrano e interpretada en sus papeles protagonistas por Cristina Peña (en sustitución de Alexandra Jiménez) y José Manuel Seda. El año pasado tuve la oportunidad de ver la obra en El Escorial y no me gustó mucho. Y en esta ocasión lamentablemente tampoco hemos pasado de un aburrimiento máximo. Un coñazo, mal llevada a escena, no me he emocionado, los chistes están cogidos por los pelos y no salvo a ninguno de los actores. Nada recomendable.

Un vez más, que no se diga que no tenéis dónde elegir...

lunes 26 de octubre de 2009

I Human Race-León


El sábado pasado, a las 11 de la mañana, acudimos de nuevo mis padres y yo a un nuevo evento, la celebración de la Human Race a cargo del club Zapatillas Veloces en el lugar de entrenamientos habitual, La Candamia y Los Pinos. Nos reunimos un buen grupo de corredores, todos asiduos, para pasar un rato agradable acompañándonos los unos a los otros. Como es lógico pronto me descolgué del grupo principal y encaré el reto junto con otras tres corredoras; en ocasiones la carrera se convirtió en una de orientación, lo que la hizo mucho más divertida. Además, en todo momento fui cómoda y a un buen ritmo. ¿Lo mejor? Poder compartir esta afición con otras personas. Eso no tiene precio, al igual que iniciativas como ésta. Os dejó aquí un enlace para que podáis ver las fotos que hizo mi madre: en ellas se puede apreciar el magnífico escenario en el que entrenamos.


Pero no hubo tregua. El domingo amanecí con ganas de comerme los caminos, sin embargo me llevé un buen chasco cuando subí la persiana y vi que estaba lloviendo. Ains... tuve que esperar a la tarde, cuando completé un entrenamiento de 1h11'26''. Y es que la semana pasada fue el primer punto en el largo camino que me espera para el próximo gran reto: la Media Maratón de Getafe. ¿Objetivo? Asaltar el crono y bajar de 2h. Y para ello tengo programadas unas 14 semanas del entrenamiento más duro que he hecho nunca. De hecho hoy tocaba otra salida, la tercera consecutiva, cuestas. Y no podía haber ido peor. A veces me da la sensación de avanzar un paso y al día siguiente dar dos hacia atrás. Se me atascan las dichosas cuestas. Empieza a ser una cuestión desesperante y muy frustrante porque no consigo que me salgan las cosas en ese terreno. Pero no me da la gana. No pienso rendirme. Quién sabe si este semana, seguro que la viene sí, estaré de nuevo allí, volviendo a intentarlo hasta que sea capaz de superarlas.

Según el programa mañana es el cuarto día seguido que tengo entrenamiento: tocan series. Ya he conseguido hacerme con ellas y no se me dan tan mal, mantengo el ritmo alrededor de 5'15''. Sin embargo tengo ciertas dudas de cómo me saldrán esta vez, puesto que ya hoy estoy hecha un cromo, deseando que llegue el miércoles para poder descansar por fin. Pero no me quejo. Sarna con gusto...

viernes 23 de octubre de 2009

Variedades... literarias

Hace bastante tiempo que tengo abandonada esta faceta literaria de mi blog, aunque ello no significa que haya dejado de leer, ni mucho menos. La redacción del proyecto de investigación agotó mi capacidad creativa y ocupó por completo mi reflexión que intento sea lo más crítica posible. Después sobrevino una etapa de adaptación, de análisis de nuevas posibilidades, de búsqueda de realidades diferentes. Las lecturas que he escogido durante estas semanas han sido variadas temáticamente y no todas han cumplido mis expectativas, pero por lo menos han contribuido con creces a su principal objetivo: entretenerme. Y eso no es fácil, lo reconozco.


En el periodo más convulso de ese tiempo de escritura acudí a alguien que nunca me falla, Paul Auster, y su novela El Palacio de la luna, donde de nuevo nos introducimos en la búsqueda de la identidad personal y en la amargura de los infiernos íntimos. El yo confundido, sin referentes que lo respalden, se encuentra sumergido en la vorágine del mundo, representado por las calles de Nueva York, ahora tan reconocibles y familiares. Marco Stanley Fogg, nu
estro protagonista, lleva inscrito en su nombre el motivo del viaje y la búsqueda (Marco Polo y Phileas Fogg) unido a la enigmática simbología de la luna como espacio onírico donde todos los sueños se hacen realidad. Ya es una cuestión personal: Auster nunca me defrauda.


Seguidamente me adentré en las páginas de Seda, una novelita de Alessandro Baricco escrita con una prosa limpia y precisa, poética, fragmentaria, íntima. Me sorprendió la trama, de nuevo el viaje como principio ordenador del discurso, una historia que nos muestra el complejo entramado de conspirac
iones cotidianas que nos envuelven y hasta dónde es capaz de llegar uno por el más sublime de los sentimientos, el amor.


Después le llegó el turno a una novela que llevaba tiempo esperando, La elegancia del erizo de Muriel Barbery, lectura que recomiendo encarecidamente. En el mundo de apariencias en el que vivimos, hasta la persona más anodina e insignificante esconde un gran secreto como si fuera un erizo, su verdadero interior, aquel que se desarrolla en la habitación más alejada tras la puerta de su casa. Y es que somos completos desconocidos. Pura fachada. Nuestro mal radica en la imposibilidad de comprender al otro, de ponerse en su lugar, y los límites de nuestra humanidad impiden que nos relacionemos de igual a igual. Quizás por eso Paloma se ha propuesto suicidarse...


Isabel Allende empieza sus novelas cada 8 de enero, un ritual que se completa con aquel otro emprendido por mi madre ante cada publicación nueva de la escritora chilena, que no es otro que regalármela. Debo decir que soy una incondicional suya, y por ello me duele la espera de una novela de la calidad e intensidad de La casa de los espíritus. Ninguna ha estado a la altura desde enton
ces y por desgracia La isla bajo el mar también se ha estrellado. El personaje femenino protagonista, Teté, carece de la suficiente personalidad para sostener una historia, el camino de la abolición de la esclavitud en Haití, que acaba siendo tratada de manera superficial. Da la sensación de que cada 8 de enero Allende se enfrenta con horror a una página en blanco y escribe sobre aquello que tiene más a mano, y el resultado deja mucho que desear.

Por fin la semana pasada le tocó el turno a Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, una novela que llevaba en cola desde años y que la casualidad quiso ponérmela en las manos de la forma más inesperada. Hacía muchísimo que no me reía a carcajadas con un libro en las manos, y es que Gurb, ese extraterrestre con apariencia de Marta Sánchez, deja colgado a su jefe en plena misión terrestre y se dedica a una vida de superstar muy bien relacionada. El proceso de búsqueda hilarante puesto en marcha por su superior le pone en contacto directo con ese género humano conocido como español, y de ahí sale a relucir todos nuestros tópicos formando una caricatura que mal que nos pese nos define casi a la perfección. Grandísimo descubrimiento.

Y lo que tengo entre manos en estos precisos momentos es La reina en el palacio de las corrientes de aire, de Stieg Larsson, obra que viene a completar la trilogía Millenium. Me tiene absorbida: Lisbeth Salander es uno de los personajes más inquietantes a los que me he enfrentado. La adaptación cinematográfica (que no es hollywoodiense) le ha puesto cara y para gratificación mía está a la altura de lo esperado.

Que no se diga que no tenéis dónde elegir.


martes 20 de octubre de 2009

La Bañeza. Primera Media Maratón de Sandra

Mi segunda semana en espiral negativa culminaba el pasado domingo en la Media Maratón Vía de la Plata a la que acudía con mi sister Sandra en una nueva modalidad desconocida para mí: andarina. Si bien puede parecer fácil caminarse 21 kilómetros, sobre todo para un runner, debo confesar que resulta tan duro y agotador como cualquier otro deporte. La carrera contrarreloj exige un desgaste psicológico considerable, el asfalto te come las piernas lentamente y el frío temprano del Páramo leonés se te mete en los huesos y se resiste a abandonarte. Era un reto personal realizar esta Media andando, además de muy especial por compartirla con una de mis Muchachitas. Que suponía una carrera importante en el calendario lo delataban los nervios de la noche anterior y la exacerbada energía mañana. Sandra iba a participar en su primera Media, iba a vivir en sus carnes lo que he sentido yo en mis modestas participaciones mediomaratonianas y, sobre todo, quiso compartir la experiencia conmigo. De ahí mis dudas y temores de lo que podía parecerle. Hoy puedo decir, y creo que no me equivoco, que el reto cumplió sus expectativas.

Tempranito por la mañana ponemos rumbo a La Bañeza
donde llegamos con el tiempo justo para recoger el dorsal y saludar a los primeros miembros del Nunca correrás sólo: Ángel en compañía de Esther y Ángel(illo), Abe y mis padres, Saturnino y Ángeles, que nos desean toda la suerte del mundo y nos ven alejarnos en avanzadilla. Un grupo numeroso de andarines nos ponemos en marcha a buen ritmo a las 9:30 de la mañana, tiritando de frío, deseando que el sol subiera un poco más y rompiera la fresca matutina. "Se nos olvidaron los guantes", vaya fallo. Sandra recogía sus manos en el polar mientras yo las escondía como podía, incapaz de abrir siquiera la botella de agua en el primer avituallamiento situado a 5km de meta, en Ribas de la Valduerna.


El recorrido, por la comarca de la Valduerna
, ascendía ligeramente en la primera parte de la carrera. Según la estrategia previa que habíamos previsto debíamos caminar a 6km/hora. Dicho y hecho: a las 10:30, cuando salían los corredores, llegamos nosotras al km 6. El crono nos iba respaldando. Mientras vamos andando charlamos animadamente e intentamos arreglar el mundo, comentando nuestras sensaciones hasta que la sirena insistente de una patrulla de la Guardia Civil nos hizo girar la cabeza: ahí viene el primero. Sí, el primero, pero de la modalidad de patinadores, también participantes en esta Media. Increíble la velocidad a la que iban. A partir de este momento, en Villamontán, la carrera entra en otra dinámica: nos juntamos todos en el escenario previsto, corredores, patinadores y andarines.


Voy calculando tiempos para ver a los míos y no había sacado aún la cámara de fotos cuando un avión azul y negro nos adelanta y le da tiempo a saludar. Es Servando, que va como un tiro. Pienso que puede hacer marca personal si nada se complica: el segundo tramo, ligeramente en bajada, es propicio para ello. El segundo en aparecer, ya en Miñambres
, es Ángel, el primero del Nunca. Después le toca el turno a L.A., quien me avisa desde atrás al ritmo constante y alegre que le caracteriza. El siguiente en la lista es Amador, a quien casi no reconozco hasta que llega a nuestra altura, y poquito después diviso el correr tan familiar y reconfortante de mi padre, que va tranquilo y consciente de que nuestro ritmo, el de Sandra y el mío, va viento en popa a toda vela. Más tarde le toca el turno a Abe, que va a lo suyo disfrutando del Páramo, y luego a N.G., que llegó después de que guardara la cámara, con un buen ritmo en su "entrenamiento personal".




Completada la segunda hora hemos recorrido 13 km. Aún quedan 8 y 1h15' por delante. Confieso haber dudado de poder hacer la carrera en tiempo, los músculos empezaban a resentirse, una ampolla se instaló en uno de mis deditos, Sandra los llevaba intactos... Pero no nos aferramos a ninguna excusa. Sistemáticamente comenzamos a bajar el tiempo por kilómetro. En la última hora íbamos subidón tras subidón detrás de un trío a las que Sandra denominó grajas (cotorras): cada vez tardábamos menos en cada kilómetro. A pesar del cansancio, algo que no nos salió en los entrenamientos, fuimos bajando el tiempo y conseguir marcar 6km/hora. Sólo quedaban 15' y dos kilómetros: era posible. Y lo hicimos posible: alcanzamos meta en un tiempo de 3h15'10''.


Se trataba de disfrutar de la experiencia y de la compañía y lo conseguimos. Hacía mucho que no saboreaba una carrera de esta forma y me alegro de haberla hecho junto con Sandra
, a pesar de todo.