Convivir con un chico de 1,98 metros de estatura

Los extremos nunca fueron buenos, prácticamente en nada. Eso es lo que me dice mi pareja, de 1,98 metros de estatura, quien toda su vida ha padecido los inconvenientes de su elevada altura en cosas tan prácticas y cotidianas como vestirse, ducharse o dormir. Y los que pertenecemos al estándar de la población no nos damos cuenta, hasta que nos casamos con alguien visiblemente más alto que la media.

Vaya por delante que tiene ciertas ventajas; las cosas dejan de estar en lugares inaccesibles, nunca le pierdo de vista en los sitios más concurridos, me protege del sol y del viento, los abrazos de oso son de lo mejor y nunca corro peligro al cruzar, él siempre ve por encima de coches, furgonetas, personas...

Pero en un mundo en el que cada vez más cosas están adaptadas a las minorías, los altos siguen estando un tanto discriminados. Por ejemplo, nunca había tenido la necesidad de buscar piso levantando los brazos por doquier para ver si entraba por las puertas o cabía en la ducha. Encontrar unos pantalones que no le queden pesqueros puede ser tarea de meses (y casualidades), por no hablar de las mangas que no llegan a la muñeca.

El asunto de dormir no tiene más solución que la de adquirir un colchón a medida (más caro, obviamente); y encontrar el coche perfecto es proporcional a la distancia que media entre el asiento del conductor adaptado a su medida y las piernas del pasajero que ha de ir detrás. En cuanto a los viajes en avión, depende de la aerolínea, su política de empresa y el trato del personal de vuelo (cualquiera de las norteamericanas, de lujo; Iberia, por ejemplo, lamentable, imposible viajar).

El día a día requiere una adaptación completa (si tienes la suerte de tener tu propia casa): baño, lavabo, ducha, mesas, sillas, encimera de la cocina, armarios, tabla de planchar...

Pero nada como la amarga frustración de ir a un parque de atracciones como la Warner de Madrid y descubrir que por culpa del límite de altura (1,95 y 1,97 metros, dependiendo de los casos) prácticamente no puedes montarte en nada. En realidad los responsables somos nosotros por no haberlo comprobado antes de ir, pero jamás habíamos pensado que en pleno siglo XXI ir a un parque de atracciones iba a ser una de esas cosas que debíamos incluir en la lista de 

NO APTO PARA ALTOS


Diseño exclusivo de JC Fernández para De hoja roja

4 comentarios:

SGF dijo...

¡Sin palabras!

Maria RUEDA SOTO dijo...

Pues nada... Menos mal que soy tapón!!!

Maria Langa dijo...

Muy bueno y muy identificada! Aunque Alex por los pelos con su 1.92 disfruta en la Warner ;)

Dragonkik55 dijo...

BUfff, que razón tienes¡¡ no me había parado a pensarlo, yo siempre me fijo en la accesibilidad para PMR, por deformación profesional, pero ciertamente que "los altos" muchas veces se pueden sentir excluídos en esta sociedad, como bien dices, diseñada para los estándares.