Cuento de Navidad. La bola de nieve

El año pasado quise felicitar las fiestas con un cuento navideño, que os invito que leáis también este. No quería dejar pasar la oportunidad de repetir la experiencia, aunque me hubiera gustado publicarlo la semana pasada. Pero las musas... las musas se han ido de vacaciones y cada frase ha surgido del esfuerzo y del trabajo, todas y cada una de ellas perfectamente medidas, con la intención adecuada. Espero haber logrado crear la atmósfera que me propuse y que la historia reflejada en el papel sea lo más parecido a cómo surgió en mi cabeza. ¡Feliz Navidad a todos!

¿Por la culpa?

El doctor me sonreía expectante tras sus gafas sin montura, sentado en su sillón de orejas, mientras cruzaba las piernas en un lento movimiento. Iba vestido con un pantalón de pana verde y un jersey de lana marrón que muy probablemente le tejiera su madre o una esposa aburrida, qué sé yo. Ante mi respuesta había dejado de tomar notas en ese odioso cuaderno de pastas amarillas que tanto me irritaba. No podía dejar de manosear mi bola de nieve ante un súbito ataque de nerviosismo. Desvié mi mirada hacia el ventanal de la izquierda, resbalando sobre el sucio cristal y contemplando la estampa navideña de los copos de nieve cayendo y formando una densa cortina. Había anochecido, como si no lo hubiera hecho desde hacía tiempo, y se podían distinguir tenues luces titilantes, al puro estilo de un cuento de Dickens... o por lo menos eso me parecía a mí. No podía quitarme la idea de la cabeza de estar ante una postal deprimente... muy deprimente. Y dentro la atmósfera que se iba creando no era muy alentadora. Me estaban entrando ganas de estamparle la bola de cristal al doctor y borrarle de un plumazo esa sonrisa de bobalicón que mantenía desde hacía un minuto, aún expectante. ¿Cómo explicarle a un idiota la verdad?

Yo quería a Calixto. De verdad que lo amaba. Pero al mismo tiempo necesitaba mantenerlo lejos, más allá de mi alcance, en un lugar en el que no pudiera hacerle daño, en un lugar en el que no sintiera que le odiaba por quererle, yo, que jamás quise a nadie más que a mí misma, que nunca quise ataduras con las personas... hombre lobo para el hombre. Pero Calixto no entiende. No puede entender. Y el imbécil del doctor que tengo delante menos. ¿Eso que tienes ahí es una bola de cristal? ¿De esas de nieve? Yo necesito vivir y respirar sin límites, necesito seguir un camino, el mío, más allá de en qué dirección sople el viento... Aún recuerdo aquellas palabras de Arwen dirigidas a Aragorn, preparándose para la batalla en el Abismo de Helm, aquellas palabras que nacían de lo más hondo, de la oscuridad del alma, de donde nadie habita ni quiere hacerlo...

-¿A qué teme entonces mi señora?
-A una jaula. A empuñar sus barrotes hasta que la edad y la costumbre las acepten
y toda opción al valor ceda al recuerdo y al deseo.

Esas palabras lanzadas prontamente, casi sin pensar, como si llevaran esperando convertirse en verbo desde hacía mucho tiempo, esas palabras se arrojaron sobre mí como un manto oscuro, poniendo quizás nombre a un sentimiento forjado a fuego desde siempre. Los ambientes navideños de esas bolas de cristal son muy entrañables, ¿no te parece? El doctor no me deja pensar... Giro la cabeza desde el ventanal hacia él y le clavo la mirada con intención, en un gesto rápido y violento. Él se revuelve en su sillón de orejas, descruza sus piernas, parece que quiere hacerse pequeño hasta desaparecer, pero le mantengo atado bajo el hechizo, como una pérfida Eva... acaso la ancestral dama miró alguna vez así al
inocente Adán. Suavemente dejé mi bola de nieve encima de la mesa, a la luz de las velas aromáticas que se reflejaban en el cristal como si fuera un aquelarre. Y no dejé de mirar al doctor para sellar sus idioteces, para que viera como vio Calixto, para que por una vez, un sólo instante, comprendiera... El doctor se ajustó el puente de las gafas y carraspeó impaciente. Se incorporó en su sillón y no separó sus ojos de los míos, vigilante, hasta que tuvo entre sus manos mi bola de nieve. Una vez los copos se asentaron en su base, la contempló un instante mudando el rostro en una mueca sorpresiva y atemorizada.

-Pero si es... es una...
-Una bruja... Una bruja rodeada de muerte.



14 comentarios:

Jan dijo...

Curioso cuento de Navidad. Me gusta la idea de la búsqueda de la libertad frente a las ataduras que nos rodean y amenazan por doquier.

La referencia al señor de los anillos mola, uno de mis libros favoritos.

biciatleta25 dijo...

Como se nota quién sabe escribir... bonito, muy bonito.

Santa Biología dijo...

Soy un poco zoquete y me he perdido en "¿A qué teme entonces mi señora?...." Por lo demás me ha encantado, un texto rápido, ligero, la descripción del psicólogo es buenísima. Me ha gustaso un montón.

¿Crees que se puede aprender a escribir? bién digo o el carácter personal, inquietudes etc son determinantes???

Un saludo y feliz navidad

More dijo...

Muy bueno Sonia,me uno al comentario de Jan.
Feliz 2010 y gracias por tu apoyo.

Un abrazo.

VICMAN dijo...

Muy bueno. ¿Y todo ésto en que km cuando se te ha ocurrido?.

Gracias por el cuento.

ZAPATOVELOZ dijo...

Asi que no tenias las musas de tu parte?
Una pequeña gran obra ,gracias.

Xavi Garcia dijo...

Profundo y confuso pero bello a la vez...y para finalizar intrigante!

De veras gran cuento ...dejame leerlo para darle mi interpretación al mismo, ya que es un cuento sin interpretación propia?

Feliz Año 2010!

¨XTB¨ Xavi desde Shangai.

Quique dijo...

Hola Sonia, curioso cuento de navidad...espero que tus musas no te abandonen nunca, tienes un don...

Un saludo
Quique

Risco dijo...

Muchas gracias por compartirlo,
Qué el 2010 te traiga mucha libertad,mucho amor y pocos doctores.

... y un gato

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

Algunos barrotes son difíciles de cortar, sobre todo si no son materiales.

Te superas. Felicidades.

Siridia dijo...

Qué bonito Sonia!!!! ahora entiendo porqué no hay musas en el departamento estas Navidades!!jaja.
Y también entiendo porqué tu bruja se ha tomado un respiro soñando junto a una vela de Estambul!!
Te deseo la mejor inspiración y los mejores deseos para el 2010!!!
un beso!

Un fondista de Doney dijo...

No tengo palabras para calificar tu cuento. Me uno al resto de felicitaciones que te han escrito ya. Por cierto, he cumplido mi promesa. Feliz Año 2010.

Un saludo.

Pepemillas dijo...

De corazón te deseo una muy Feliz Navidad.
Que 2010 venga cargado de buenas cosas para ti y los tuyos.

Un beso, Sonia.

Carlos dijo...

¡Pobre doctor!.

Bonito cuento Sonia, aunque me permito hacerte una observación: el diálogo que citas no es entre Arwen y Aragorn, sino entre Éowyn de Rohan, sobrina del Rey Théoden y Aragorn.

Saludos. ;-)